Si tu hij@ rechaza de forma reiterada los nuevos alimentos que le ofreces, podrías decir que estás ante un caso de neofobia. Es muy frecuentes que l@s niñ@s pasen épocas en las que tienen menos apetito o son más selectivos a la hora de comer.
Si lo piensas bien, nosotr@s somos igual. No siempre nos alimentamos de la misma manera o seguimos los mismos hábitos de vida. Hay épocas en las que nos sentimos más abiertos a probar restaurantes exóticos o a ver películas de autor. Y hay otras épocas en las que preferimos comer sólo la comida de nuestra madre y sentarnos en pijama en el sofá a ver nuestra serie favorita hasta acabar todas las temporadas.
Pues eso, que cuando nuestro hij@ nos diga que no abre la boca a esa cucharada de verduras, te aconsejo que echemos la vista atrás y respiremos. Paciencia. ¿Sabías que a veces debemos ofrecer un mismo alimento entre 10-15 veces para que l@s niñ@s lo acaben aceptando? Pues sí. Pero también te digo que es mejor que no te ensañes ofreciendo y ofreciendo hasta hacerle vomitar, porque te aseguro que esa batalla la pierdes con seguridad. Así que evitemos excedernos de tesón si no queremos vernos en un duelo absurdo. Te sugiero que ofrezcas de nuevo ese brócoli que el domingo no quiso probar, pero hazlo de forma suave y sutil, “como si no te importase el resultado”.

Hay ciertos niñ@s en los que la neofobia es más frecuente, como los niñ@s Altamente Sensibles, los niñ@s con Trastorno de Espectro Autista, l@s niñ@s que tienen problemas asociados como el reflujo gastroesofágico o las alergias alimentaria o l@s que han tenido alguna experiencia traumática con la comida (atragantamiento, portadores de sonda nasogástrica, cirugías,..). Habrá que ponerse en su piel, intentar comprenderlos y armarse de paciencia.
En ocasiones, este rechazo al nuevo alimento por su textura, olor, sabor o color, convierte al niñ@ en lo que conocemos como un Picky eater o comedor selectivo.
Un escalón por encima se encuentran l@s niñ@ que tienen “aversión sensorial a la comida”. En estos casos, a la dificultad con la comida se añaden otras percepciones sensoriales desagradables como escasa tolerancia a determinados ruidos o a determinadas texturas como la del césped en los pies o la arena en las manos. Es más frecuente de lo que creemos.
¿Y qué podemos hacer además de ofrecer ese alimento que suele rechazar de forma “suave y sutil”?
Pues debemos predicar con nuestro ejemplo. Conviene que nos vean comer lo que tanto deseamos que ellos coman y que lo hagamos con ganas. Y cuando ell@s demuestren interés o nos pregunten si pueden coger, nos ponemos el disfraz de teatro y podemos responder “que solo un poquito porque esa comida es de mamá o de papá o de la abuela”. No hay nada que despierte más las ganas de comer algo que su escasez o saber que no deberíamos hacerlo.
Te aconsejo presentar el alimento en cuestión en muy pequeña cantidad mezclado o acompañado de comida que le guste más o adornado de alguna manera graciosa.
No es muy aconsejable que piquen entre horas ni utilizar la comida como castigo o recompensa.
Lo más importante en todo el proceso es tu paciencia, tu neutralidad y tu confianza. Intenta no mostrarte muy content@ cuando consigues que lo coma o muy contrariad@ cuando no lo consigues.
¿Cuándo deberíamos consultar con especialistas en este tema? Cuando después de poner en práctica todo lo que te aconsejo, el rechazo persista o cuando abarque a todo un grupo de alimentos (frutas y/o verduras por ejemplo). Aquí estaré para acompañaros.